
Fueron muchísimas las opiniones que escuché acerca de esta película previo a que tuviera yo la oportunidad de verla. De la sala de cine salí con muchísimas preguntas, me imagino que no fui el único y creo que eso precisamente es lo que le da un valor importante a esta película.
Este largometraje me dejó varias sensaciones extremistas, pase de la furia y la frustración a la risa por la cantidad de tonterías que la mayoría de las veces los que acusaban a “Toño” usaban para defenderse.
El contenido de la película es un tema bastante delicado, todos estamos conscientes del problema que tiene nuestro país en cuanto al sistema penitenciario, sin embargo creo que no había algún otro archivo similar a este donde podemos seguir un proceso penal de tan cerca. Lo que logran Roberto Hernández y Geoffrey Smith con las diferentes maneras de presentarnos el mundo real es sin duda un sentido de “querer formar parte” muy intensamente de la defensa de Toño.
Para mí fue una nueva experiencia. El conocer, más que las cárceles, el ambiente interno que le da mucho contexto a la película. Estoy sorprendido de la peor manera con el funcionamiento de las cárceles. Para hacer más evidentes las deficiencias que tiene nuestro sistema penitenciario podemos ver cifras en porcentajes que refuerzan los comentarios del narrador y hace mas cruda la experiencia.
Al final creo que como lo que es, una película, cumple de manera importante con la función de sensibilizar y difundir un mensaje que tal vez a la población en general no podría llegar de otra manera. Esta película tiene calidad y propuesta.
Otra cosa que me gustaría destacar es que técnicamente y comparándola con otras cintas mexicanas de los últimos años es bastante buena. Sobre todo, el audio es fabuloso, ese había sido el “negrito en el arroz” del cine mexicano.
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